El cajero el euro niega,
se paga en octubre, el doce;
ya saldaron la hipoteca,
el agua, Endesa y el coche.
En la tienda se carcome,
palidece, la tarjeta:
la cuenta es enorme,
y no hay leche en la despensa.
Pero el canciller ignora
con engaño y disimulo
el mar de paro y apuro,
a la barca sin remo ni ola
y al marino que zozobra.
El cacique el ahogo no ve,
ve la cabra en octubre, el
doce:
al hombro las escopetas,
que desfila la legión,
los tanques y las avionetas.
En el estrado sonríe simplón,
hay que tener mucha jeta.
La masa le echa un sermón
y le abuchea en la fiesta.
Pero el canciller ignora
con engaño y disimulo
el mar de paro y apuro,
a la barca sin remo ni ola
y al marino que zozobra.
Marino en dolor y barro,
erigido a fuego en la fragua
del ahogo y el rechazo,
del anhelo y el fracaso,
que clama la paz del agua.
Instintiva agua pura y fresca,
para el sudor de tu frente,
inmensa ola de franqueza,
insobornable y valiente,
que hace del barro una gema
selvática y refinada,
una ágata de fe y entereza.
Y luego hacerla bandera
para izarla en tu barca,
e iza bravo la mirada,
y arma un grito descontento,
que quebrante el occidente,
que mute en ola estridente,
un estruendo aves al viento.
Que lo griten marineros,
albañiles, fontaneros.
y lo canten escribanos,
profesores, licenciados.
Canten los trabajadores
y canten los parados:
¡Vale ya esta tiranía;
la política está podrida!
Óigalo don delegado,
don alcalde y presidente
don partido candidato.
¡Vale ya esta tiranía;
la política está podrida!
Díselo en junio el doce.
Véncelo cualquier día,
que no reposen de noche,
sonrojen de cobardía,
y los escalde el reproche.
Ponles la cruz de maldito
por desfalco y pudrición,
como piedra de granito
que les aplaste el corazón.
Que se enteren los más listos:
aún nos queda un hálito blanco,
blanco de paro, apuro y ola,
de bollo y leche blanco,
como vara sin flor ni hoja;
sin embargo que no omitan
el albur que trae la cosa,
y cuando no hay más salida
vienen artes peligrosas.
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Huelga y anarquía.
Caos…
Insumisión sin medida.
